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Carta a Harold Cepero
29/01/2013 | Janisset Rivero


Harold Cepero Escalante, martir de la libertad de Cuba.

Harold Cepero Escalante, martir de la libertad de Cuba.

29 de enero de 2013

 

Querido Harold:

 

Todavía parece mentira que no estés entre nosotros, sí, nosotros, esa nación espiritual en la que nos hemos convertido, no importa el lugar en donde vivamos, existamos. Esa nación espiritual es desde donde nos negamos a olvidar el sufrimiento de Cuba y desde donde la amamos más. Abrigaste muy joven el sueño de la libertad, pero hay muchos que han vivido toda su vida soñando con la libertad y así han muerto. Tú, en cambio, perteneces a los que se atreven a llevar adelante los sueños, no importa el precio que tengan que pagar. ¡Cuántos jóvenes cubanos han pagado con sus vidas por atreverse a construir un país diferente, sin odios, con amor! La lista es larga, casi interminable. Pasa por los paredones de fusilamiento a principios de los años sesenta, cuando jóvenes como Virgilio Campanería, Alberto Tapia Ruano y tantos otros supieron morir gritando ¡Viva Cristo Rey, viva Cuba libre! Sigue durante la oscura década del setenta, cuando en el ostracismo espantoso de la prisión política de aquellos aciagos días, jóvenes como Pedro Luis Boitel Abraham se declaraban en huelga de hambre para que les respetaran sus derechos y eran asesinados de hambre y de sed. Lo increíble, hermano Harold, es que desde el silencio cruel a que una generación tras otra de cubanos ha sido condenada, desde la profunda cueva de la tiranía, sin información, sin puntos de referencia, hayan nacido jóvenes como tú.

 

Hay una simbiosis muy grande al abrazar a Cristo y su mensaje renovador, y convertirse en un agente de cambio en la sociedad cubana. El cristiano, el católico, que entiende el alcance de la doctrina social, sabe que en un medio ateo, violento y de odio, como la sociedad que existe en nuestra Patria hoy, el mensaje de Cristo es una luz en las tinieblas. Te enfrentaste a la intolerancia en la Universidad de Camaguey, y fuiste imperturbable ante la irracionalidad de los que te impidieron graduarte en el cuarto año de tu carrera. Y te fuiste al Seminario, y luego de abandonar la vocación sacerdotal, te incorporaste de lleno al proyecto del Movimiento Cristiano Liberación. Y tú Harold, hermano, decidiste encender esa luz. Lo decidiste concientemente, seguro de que con ello arriesgabas incluso tu vida, pero sabías que es preferible vivir en la verdad, y morir por ello, que vivir en la mentira.

 

Harold, hoy cumplirías treinta y tres años si no fuera porque un disparo de ese odio terrible que enluta a Cuba, te segó la vida, el 22 de julio de 2012, porque ese carro que lanzó la Seguridad del Estado contra tu vida, y la de Oswaldo Payá fue un disparo de odio, de impotencia, de intolerancia.

 

Cuando supe que eras tú el otro cubano que acompañaba fatídicamente a Oswaldo sentí la tristeza e impotencia parecidas a las de aquel terrible sábado 24 de febrero de 1996 cuando supe que a mis cuatro amigos, a mis queridos hermanos Mario De la Peña, Carlos Costa, Pablo Morales y Armando Alejandre los habían pulverizado en el aire, en aguas internacionales, la misma metralla de odio que te asesinó a ti.

 

Observo tu mirada transparente, tu alegría desde la foto mil veces revisada por los que te conocimos y te admiramos. Nosotros estamos tristes aquí, sin un hermano valiente, inteligente y noble como tú, y eso no podemos evitarlo. Pero la humildad, la sencillez y el decoro con que viviste tu corta vida, venció con creces todas las tinieblas que sobre ti quiso lanzar el régimen criminal de la familia Castro. Ahora, queremos conocer la verdad, porque las familias tienen derecho a saber la verdad de lo ocurrido el 22 de julio de 2012 y a pedir una investigación independiente. Como en el Evangelio de San Juan, la verdad nos hará libres a los que aún permanecemos en esta tierra, en esta lucha por la libertad, en esta encomienda que se hace imposible de olvidar cuando hay cubanos como tú, mártires como tú, que ya son patrimonio de los mejores hijos de la bella y triste isla que nos vio nacer.

 

Vives, Harold, vives y vivirás por siempre en nuestro recuerdo, y en la promesa de lograr la victoria y la libertad de Cuba.

 

Descansa en paz, hermano Harold, nosotros no podemos.

 

 

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About the author


Janniset Rivero Janisset Rivero
Janisset Rivero is a founding Directorio member. Janisset has worked extensively in engaging directly with opposition groups in Cuba, relaying their messages to the international community and coordinating humanitarian support for them. She is co-author of "Steps to Freedom," a Directorio annual report that documents the opposition movement's actions of protest against the totalitarian regime.

 

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