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Con su “ambivalencia” los gobernantes latinoamericanos le están diciendo al régimen cubano: “repriman que a nosotros no nos importa”
16/11/2006 | Ana Laura Pérez


 

Publicado en el Semanario BUSQUEDA de Uruguay

 

“Una y otra vez hemos visto que, en privado, (...) critican a Cuba. Pero públicamente, en particular los de izquierda, no quieren admitir lo que saben: que es una dictadura horrorosa y eso no tiene nada de socialismo, ni de izquierda ni de liberalismo. Mientras eso exista, están siendo cómplices de un desenlace muy cruento para el pueblo cubano”, dijo Orlando Gutiérrez-Boronat, fundador del Directorio Democrático Cubano

 

Con su “ambivalencia” los gobernantes latinoamericanos le están diciendo al régimen cubano: “repriman que a nosotros no nos importa”

 

Si no hubiera sido por la presión ejercida en su momento por la Comunidad Económica Europea, los españoles solos no hubieran podido salir, o hubieran necesitado más tiempo, del yugo del dictador Francisco Franco (1939-1975). Esa misma actitud es la que el activista cubano Orlando Gutiérrez- Boronat reclama de América Latina respecto de Cuba, y en particular a sus gobernantes, a quienes advirtió que si no dejan atrás las ambivalencias en relación al dictador Fidel Castro se estarán convirtiendo en “cómplices de un desenlace muy cruento para el pueblo cubano”.

 

“En esta zona todavía hace falta que los gobiernos tomen una posición mucho más definida en el caso de Cuba. Una y otra vez hemos visto que, en privado, los gobernantes latinoamericanos critican a Cuba. Pero públicamente, en particular los de izquierda, no quieren admitir lo que saben: que es una dictadura horrorosa y eso no tiene nada de socialismo, ni de izquierda ni de liberalismo. Mientras eso exista están siendo cómplices de un desenlace muy cruento para el pueblo cubano porque lo que están diciéndole al gobierno es: ‘repriman que a nosotros no nos importa’. Ése es el mensaje que están recibiendo los generales que gobiernan a Cuba”, aseveró.

 

Gutiérrez-Boronat es fundador y secretario nacional de una de las principales organizaciones que trabajan por la disidencia interna en Cuba desde el exterior, el Directorio Democrático Cubano, fundado en 1990 por un grupo de jóvenes cubanos e hijos de cubanos radicados en Estados Unidos. Esta organización realiza, entre otras actividades, campañas internacionales en América Latina y Europa, transmisiones radiales a Cuba, protestas cívicas y ayuda directa a la oposición interna. Además lleva adelante y publica todos los años un monitoreo del crecimiento de la resistencia cívica en Cuba, llamado “Pasos a la Libertad”, en el que se relevan todas las actividades de resistencia llevadas adelante por los disidentes dentro del territorio cubano. Por su actividad pública en contra del régimen castrista, Gutiérrez- Boronat —que también es politólogo, doctorado en Relaciones Internacionales y docente de la Universidad de Florida—, sufrió amenazas y ataques físicos durante sus viajes a Perú, Costa Rica, España y Bolivia.

 

“Los cubanos se sienten un tanto abandonados por los gobiernos de América Latina, y sin una actitud enérgica por parte de Europa, ni España ni Grecia hubieran ido a la democracia. En lo que era la Comunidad Europea se dijo: si no son democracia no entran aquí y eso es un incentivo muy fuerte, porque todos quieren entrar y ser parte de la comunidad internacional”, dijo el activista.

 

Para Gutiérrez-Boronat un problema respecto a la situación de Cuba es la “ambivalencia” que los “gobernantes latinoamericanos” tienen con respecto a “los principios fundamentales de libertad y democracia”, a los que no ven “como principios universales”, sino “muy instrumentalmente, tanto en el discurso de la derecha como de la izquierda”.

 

Éste es, para el dirigente, el momento ideal para que se produzca un cambio en la actitud de los gobiernos de América Latina debido a que está convencido de que Fidel Castro no volverá al poder y deberá dejar el gobierno en manos de su hermano Raúl Castro. Un dirigente que con mucho menor carisma que su hermano necesitará del apoyo internacional para mantenerse en la cúspide de un régimen que ya lleva 47 años.

 

Lo que sigue es un resumen de la entrevista que Gutiérrez-Boronat mantuvo con Búsqueda en el marco de su participación en el foro “Libertad y democracia en América Latina”, realizado en el Parlamento el miércoles 1º y jueves 2, y organizado por la Instituto Manuel Oribe, el Comité Internacional para la Democracia en Cuba y el Centro para la Apertura y Desarrollo de América Latina (CADAL).

 

¿Cuál podría ser el impacto de la muerte de Fidel Castro, o la posibilidad de que no regrese al gobierno, en la situación de Cuba?

No tengo ninguna información privilegiada sobre la salud de Fidel Castro, pero por la observación de los movimientos que está haciendo el régimen me da la impresión de que está fuera del escenario político. No creo que vaya a regresar a ese escenario con la capacidad que tenía antes. No me atrevo a decir si va a morir o no, pero sí sé que el traspaso de poder marca un hito en el proceso que se ha vivido en Cuba. Por otra parte, creo que el tema no debería ser la salud de Fidel Castro, o si vuelve o no al poder, sino cuándo el pueblo cubano va a poder decidir sobre su futuro libremente. Es inaudito que en pleno siglo XXI un hermano le entregue el manejo del país a otro hermano sin que se consulte al pueblo, sin que haya una instancia de autodeterminación. El tema es ése.

 

¿Pero qué consecuencias podría tener para la situación cubana la eventual desaparición de Castro del escenario político?

Mientras más rápido Castro desaparezca del escenario político cubano, mejor para Cuba. Su presencia es nociva porque se trata de un hombre que es portador de la intolerancia, su marca política es el autoritarismo y es un arquitecto del poder político como un aparato cerrado. No entiende de fisuras, de pluralismos ni de pensar distinto. Es un hombre muy capaz, muy inteligente y muy carismático, pero con una visión totalitaria y cerrada del poder y mandará a la cárcel y ejecutará a quien tenga que hacerlo.

 

¿La lucha por la sucesión de Castro podría generar mayor represión en Cuba?

Creo que la lección política que Castro les deja a sus seguidores es que mientras más intransigentes y más duros son, más tiempo duran en el poder. Es una lección política que no van a olvidar fácilmente, entonces el primer reflejo, el primer instinto, va a ser, como lo estamos viendo ahora, endurecer la represión y no abrir al país. Pero también creo que dentro de Cuba existe un movimiento social que busca la apertura política que en términos de número y de acciones es de los más importantes que han vivido los países como éste y que ese movimiento, a pesar de la represión, los encarcelamientos y los abusos, sigue creciendo. Y lo hace porque es la expresión de un profundo malestar que existe en el pueblo cubano, y ellos saben que ese profundo malestar existe. El mismo gobierno cubano se queja repetidamente de la indisciplina laboral de los trabajadores, del incumplimiento de las metas de producción. El primer discurso público de Raúl Castro fue en el Congreso de Trabajadores Cubanos, donde les pidió que tuvieran paciencia, que volvieran a trabajar y a esforzarse, y reclamó que los sindicatos retomaran el contacto con los trabajadores. Los trabajadores son el talón de Aquiles de este proceso, de este gobierno, y la insistencia de ellos en esto que llaman la indisciplina laboral, más el crecimiento del movimiento cívico, indican ese malestar social.

 

¿Cómo cree que lidiará el gobierno con ese malestar social?

Creo que se van a ver obligados eventualmente a pequeñas aperturas económicas, pero esas aperturas no van a ser suficientes para contentar a los cubanos pero sí para fortalecer el movimiento cívico. Se trata de un proceso natural que ya ellos no pueden detener. El gobierno cubano puede tomar diferentes actitudes frente al movimiento social de cambio, desde la represión hasta la apertura, y mientras más fuerte sea la solidaridad internacional, más posibilidades tenemos de que el gobierno se abra al intercambio. Mientras más débil sea la solidaridad con el movimiento, más predispuesto está el gobierno a reprimir a través de la fuerza.

 

¿Cómo ve actualmente la actitud de la comunidad internacional con respecto a Cuba?

Hay solidaridad por parte de los gobiernos de Europa y Estados Unidos y a nivel de la sociedad civil hay cada vez más actividad en América Latina, pero en esta zona todavía hace falta que los gobiernos tomen una posición mucho más definida en el caso de Cuba. Una y otra vez hemos visto que, en privado, los gobernantes latinoamericanos critican a Cuba. Pero públicamente,

en particular los de izquierda, no quieren admitir lo que saben: que es una dictadura horrorosa y

eso no tiene nada de socialismo, ni de izquierda ni de liberalismo. Mientras eso exista están siendo cómplices de un desenlace muy cruento para el pueblo cubano porque lo que están diciéndole al gobierno es: “repriman que a nosotros no nos importa”. Ése es el mensaje

que están recibiendo los generales que gobiernan a Cuba.

 

¿Cómo ven los cubanos esta posición de los gobiernos de América Latina?

Los cubanos se sienten un tanto abandonados por los gobiernos de América Latina, y sin una actitud enérgica por parte de Europa, ni España ni Grecia hubieran ido a la democracia. En lo que era la Comunidad Europea se dijo: si no son democracia no entran aquí y eso es un incentivo muy fuerte porque todos quieren entrar y ser parte de la comunidad internacional. El mismo Chávez con todos sus discursos y sus ataques no rompe con Estados Unidos y yo creo que a Raúl Castro le hace falta mucho más el apoyo de la comunidad internacional que a Fidel, porque no tiene ni el carisma ni la proyección de su hermano.

 

Una vez que Fidel Castro desaparezca del escenario, ¿su hermano quedaría en el poder o

existe la posibilidad de que aparezcan otros sucesores?

El novel ministro de Informática y Comunicaciones, Ramiro Valdés, es un hombre de confianza de Fidel Castro, que creo desde su cama él ordenó que lo incorporaran al gobierno, y es un tipo asociado con la violencia y con la represión. Por otro lado, Carlos Fernández Gondín, integrante del Estado Mayor del Ministerio del Interior, es un hombre muy temido en Cuba y muy cercano a Raúl Castro, aunque no tiene la personalidad pública de Valdés.

 

El problema de la violencia es que cuando empieza uno no sabe cuándo va a terminar, pero mientras más fuerte sea el movimiento cívico en Cuba y la presión internacional, más evidentes se van a hacer las divisiones dentro del aparato de gobierno. Sobre todo las diferencias generacionales, porque Cuba está gobernada por personas que tienen entre 70 y 80 años y hay una generación de gente joven en el gobierno que tienen propuestas e ideas pero no han podido expresarlas. Estoy convencido que dentro del gobierno, en esa gente, hay un gran deseo de cambio. El problema es que nadie se imagina cómo puede ser ese cambio. Por eso es importante el mensaje desde el exterior de invitar a Cuba a unirse a la comunidad de democracias latinoamericanas. Eso es vital porque se trata de un pueblo cautivo, sin información. Hasta los que están en el gobierno están perseguidos y vigilados. Es a ellos que hay que enviarles este mensaje.

 

¿Por qué le parece que los gobiernos latinoamericanos tienen tantos pruritos con respecto a Cuba y no los tienen con otras dictaduras?

Primero porque el poder de Fidel Castro en América Latina es muy fuerte. Tiene deudas contraídas con mucha gente, le sabe mucho a muchas personas y le tienen temor a su capacidad de causar caos e inestabilidad en estos países. Además, Fidel Castro es muy conveniente para atacar a Estados Unidos, mientras los gobiernos hacen negocios con ellos. Otro aspecto que funciona mucho es la ambivalencia de los gobernantes latinoamericanos con respecto a los principios fundamentales de libertad y democracia. En otras partes del mundo, se han aceptado los derechos humanos como parte fundamental, mientras que en América Latina seguimos teniendo mucha ambivalencia sobre eso.

 

¿Podría decirse que todavía en América Latina depende de quien viola esos derechos si se condena o no?

Claro, porque no son vistos como principios universales, son vistos muy instrumentalmente, tanto en el discurso de la derecha como de la izquierda. No hemos llegado, como en Europa, a un punto en el que tanto la derecha como la izquierda han aceptado una serie de valores como comunes a ambos. Eso es lo que hace falta en América Latina porque nacimos con la idea de ser una comunidad de naciones, no una pila de países cada uno con sus códigos. Lo que pasa con Cuba es eso justamente, la ausencia de una visión internacional por parte de América Latina. No puede ser que la visión internacional de América Latina sea ir en contra de Estados Unidos. Como no hay una visión real de rol internacional de América Latina, entonces no saben qué hacer con Cuba. A veces conviene apoyarla y a veces criticarla, dependiendo de las circunstancias. Sin embargo, hay estadistas como el ex presidente de Chile, Ricardo Lagos, que ha dicho: “Yo soy socialista y eso no es socialismo, eso no es democracia porque allí se violan los derechos humanos”. Las posturas que no ayudan son por ejemplo la del presidente argentino Néstor Kirchner, que pese a ser electo democráticamente es un tanto ambivalente en el caso cubano. Es una monstruosidad que Cuba integre el Consejo de Derechos Humanos de la ONU a nombre de América Latina.

 

Y dentro de Cuba, ¿cómo es la situación de los disidentes?

En Cuba ha ido surgiendo con un esfuerzo tremendo un movimiento de sociedad civil que contiene diferentes expresiones: hay intentos de crear partidos de oposición, intentos de crear sindicatos independientes, hay grupos de derechos humanos, las Damas de Blanco, las Bibliotecas Independientes y los periodistas independientes. Todo esto en medio de una inimaginable represión. Estas expresiones dentro de Cuba son la muestra de que el pueblo cubano lo que quiere es vivir en libertad y en pluralidad si tuviera la oportunidad de hacerlo.

 

Los principales dirigentes de la oposición política son Osvaldo Payá, del Movimiento Cristiano de Liberación, que ocupa el sector demócrata cristiano; Vladimiro Rocca que es el presidente del Partido Socialdemócrata de Cuba y su padre fue fundador del Partido Comunista Cubano y redactor de la actual Constitución cubana, y Martha Beatriz Roque que es una economista cubana que proviene de las filas del Partido Comunista. Ésos son los tres principales referentes políticos dentro de los disidentes. Además hay otros dirigentes que también son muy conocidos: Roberto Miranda que encabeza el Colegio de Educadores Independientes, una asociación de profesores y maestros en Cuba que es muy perseguida, Néstor Rodríguez Lobaina que encabeza el movimiento Jóvenes por la Democracia que lo que pide es que las Universidades y los Colegios cubanos estén liberados del control ideológico del gobierno y las Damas de Blanco que se han convertido en el corazón del movimiento cubano. Además, existen varios dirigentes que son presos políticos pero tienen una gran proyección: Librado Linares, un intelectual joven que proviene de las filas oficialistas pero que rompió y creó el Movimiento Cubano Reflexión y está preso desde 2003, y José Daniel Ramón Castillo que es dirigente del Instituto Cubano de Cultura y Democracia y está preso desde 2003.

 

¿Cómo es la vida de un disidente en Cuba?

Los disidentes cubanos no pueden trabajar porque el Estado los separa de su trabajo, es una vida en la cual se sienten constantemente vigilados y no tienen acceso a las pocas cosas a que tienen acceso los cubanos. Hay una constante presión sobre ellos por parte del Estado pero por otra parte el disidente se siente más libre que otros cubanos porque ya dijo lo que piensa. Eso es una fuente de satisfacción para ellos. En muchos casos están sujetos a lo que se llama “actos de repudio”, en los que el Partido lleva una turba de delincuentes y se instalan en la puerta de la casa del disidente a protestar. Lo interesante es que en los últimos tiempos los vecinos se han negado a colaborar con los actos de repudio, obligando al gobierno a traer gente de lo peor para hacer estos actos represivos. Ser disidente en Cuba es un acto de sacrificio y valor enorme. Yo me he criado fuera del país, pero me imagino lo que es tener que acostarse y despertar en un país que está bajo la represión constante, sin saber cuándo vas a ir preso, sin saber si no van a tomar represalias contra tu familia. Además, teniendo una comunicación con el exterior muy tenue —un teléfono, una llamada, una visita a una Embajada—, tener el compromiso de quedarse en el país es admirable. Yo creo que estos hombres y mujeres están construyendo una cultura democrática.

 

¿De qué maneras se comunica un disidente con el exterior?

El régimen es dueño de todos los medios de comunicación y el sistema de manipulación del gobierno es muy sofisticado, no se puede subestimar. Ellos dan informaciones verídicas pero dentro de un contexto real. Tienen un sistema que se llama “disonancia cognitiva”, es decir, yo utilizo un sentimiento que es real para provocar en ti una serie de reacciones que no tienen nada que ver con la realidad. Un ejemplo sería el padre abusador que quema al hijo con un cigarrillo y le explica que lo hizo porque el niño es malo. Lo mismo pasa en Cuba, le dan cierta información a los cubanos pero está fuera de contexto, no saben cómo ubicarla. El cubano promedio tiene muy poca información del exterior, hay muy pocas computadoras en Cuba y el ingreso a Internet está muy controlado. Hace poco fueron suspendidos por cinco años dos estudiantes de la Universidad de Ciencias Informáticas, y yo no lo creía hasta que vi el video del juicio, por acceder a Internet sin permiso. El disidente tiene un poco más de acceso porque puede ir a las Embajadas y porque hay redes de acceso a la información entre los disidentes. Hay alguna prensa clandestina en Cuba, muy limitada pero la hay. Hay algunas publicaciones de la Iglesia Católica que son muy valientes pero tienen una circulación muy limitada. La radio de onda corta es clave porque los disidentes se informan por ella. También existe un mercado clandestino de videos, de programas periodísticos de Miami sobre Cuba que circula clandestinamente. Hay además un circuito de bandas de rock que no son oficialistas y hacen conciertos secretos. Pero más allá de todo esto, Cuba es un país desinformado, no entienden claramente qué es lo que pasa en el mundo.

 

Y en este escenario, ¿quienes están exiliados deben involucrarse?

Hay dos millones de cubanos fuera de Cuba, y la población cubana es de 12 millones, y de todas las generaciones. Por ejemplo, cuando se anunció el traspaso de poder en Cuba, esas imágenes que ustedes vieron de jóvenes celebrando en las calles, la mayoría de ellos tenían menos de 25 años y la inmensa mayoría salieron de Cuba en los últimos cinco años. No son politizados, se fueron porque querían salir de esa sombra que tenemos arriba de la vida, de un solo hombre gobernando al país. Desde que son niños, ese hombre, desde la pantalla de televisión, ha afectado la vida de todos. Ese exilio de dos millones es un pequeño pedazo de Cuba que está fuera del país y por eso hay gente de todas las tendencias políticas que en este momento tiene una unidad muy fuerte en el rechazo a Fidel. Y los cubanos en el exilio son muy organizados. En particular, quienes viven en Estados Unidos han logrado un poder político de tamaño considerable. Es importante pensar que el exilio cubano tiene un poder dentro de Estados Unidos pero no solamente eso, en las diferentes colonias cubanas en otros países también los cubanos han logrado una gran influencia. Se han transformado en eso, una comunidad que tiene peso sobre lo que pueda pasar en Cuba, y va a ser una parte importante de lo que pase de ahora en adelante.

 

Si lo que los une es el rechazo a la actual dictadura cubana, ¿no se corre el riesgo de que una vez desaparecido Castro surjan diferencias que generen enfrentamientos?

Cuando desaparezca Fidel y venga un proceso democrático cada dirigente del exilio va a encontrar a su homólogo dentro de Cuba. Eso es una democracia. A mí me gustaría que la comunidad cubana en Estados Unidos llegara a ser lo que la comunidad judía que es la defensa de Israel. Es lo que mantiene una alianza entre Estados Unidos e Israel en la cual Israel mantiene su independencia porque tiene a Estados Unidos. Yo creo que los cubanos, dado que estamos a 90 millas de Estados Unidos, lo que nos conviene es tener una relación en la que tengamos influencia porque Estados Unidos la va a tener con nosotros también. Si la tiene ahora que está Fidel Castro en el poder. Necesitamos una fuerte presión sobre Estados Unidos para defender nuestros intereses. Eso lo tenemos que proyectar hacia el futuro como una visión de unidad de todos los cubanos.

 

¿Cuánto tiempo le puede llevar a Cuba acostumbrarse a un sistema democrático?

Todo depende de cómo se produzca el cambio. Mientras más tiempo maneje el poder la burocracia comunista actual, más lento va a ser el cambio. Mientras más tiempo esté la gente que no cree en la democracia más lento y más complicado va a ser el cambio. Nosotros queremos un cambio desde la base, pacífico, protagonizado por la sociedad civil que surja de un nuevo gobierno que trate de cambiar las cosas en Cuba. Si esto ocurre la recuperación es rápida. Ahora, si esto es al revés, una cosa lenta y manipulada desde el poder, va a pasar mucho más tiempo. Además, lo más importante en estos procesos es la reconstrucción moral, la reconstrucción ética, porque después de una dictadura, sea de derecha o de izquierda, hay un laceramiento ético y moral de la sociedad. La inmensa mayoría de los cubanos no sabe vivir en libertad y toma tiempo aprender. Eso es lo más difícil.

 

 

 

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